Mi “Máster” en America´s Cup
Ya tengo mi ” máster ” en la Copa Ámérica 07 . Un sueño hecho realidad que me acredita como navegante por un dia en un velero de alta competición. Una experiencia inolvidable que compartí con otros nueve aficionados. En mi diario de abordo queda escrito como ” El dia que pasé de grumete a capitán”.
Fue una sopresa preparada por el Sr. Nilson. Como novata reciente llegada al mundo de la vela de alta competición y millonarias inversiones, mi deseo era ser el tripulante 18 con algún desafío en America´s Cup. Pero esta mañana cuando todavia no me habia desperezado, al otro lado del teléfono, el Sr. Nilson me proponia enrolarme en el GBR52, un antiguo barco de la Copa América para vivir la experiencia de navegar como en el Desafio, el BMW Oracle o el mismisimo Alinghi.
Sin dudarlo acepté el reto y con mi crema protectora para el sol como único equipaje , me dirigí a toda prisa hacia la Marina donde me esperaba el Sr. Nilson junto al grupo de aficionados como yo, de distintas edade, nacionalidades y condiciones fisicas, dispuestos para vivir la experiencia en el mar.
No hace falta saber qué es babor y estribor ni vestir como un profesional para ser tripulante durante cuatro horas. Ninguno sabiamos lo que ibamos a hacer ni que nos esperaba, solo nos limitamos a cumplir las órdenes de Connor, el patron del GBR52, ayudado por Al, Sandra y Carlos.
Hasta que sales de la bocana del puerto vas de excursión, disfrutando del sol y de la brisa aunque a lo lejos un grupo de escolares te jalee como si fueras el ganador. Cuando dejas atrás el espigón, toca ponerse manos a la obra. Se apaga el motor y comienza la aventura.
En el reparto de tareas la presencia física es importante. Cuando hechas un vistazo a la tripulación de uno de los sindicatos, casi puedes adivinar qué puesto desempeña cada uno. A mi , aún no sé por qué, me colocaron como grinder en uno de esos molinillos que hay que mover muy rápido para dominar la vela mayor. Dicen que quienes desempeñan esta labor son el brazo de hierro de a bordo. No sabria decir si eso es un privilegio, pero ejercer de grinder junto a otro regatista aficinado, me hizo muchisima ilusión.
Izar la vela mayor y el génova es uno de los momentos más especiales de todo el aprendizaje. En ese momento tomas conciencia de las dimensiones del barco, y ves a un monstruo de 24 toneladas moverse como una pluma en ceñida y empopada. Y de cómo hay que coordinar todos los trabajos de forma casi milimétrica para conseguirlo sin perder un dedo ni liarse con un cabo.
Pero mientras veiamos de lejos cómo los equipos trataban de comenzar su regata en el campo norte, ése que han dado en bautizar Romeo, nuestro objetivo era competir, buscar una boya, y, como se diria en el fútbol de patio de colegio, pedir partido a alguno de los veleros que estaban en la zona.
Hacer viradas y trasluchadas y pasar a pocos metros del caso de la embarcación son sensaciones impactantes porque sólo se dan en competición. Ponerse a la ” caña “, no sólo para la foto, es otra de ellas. Gobiernas el velero más grande y más caro, y lo haces con una facilidad pasmosa. Un leve movimiento varía el rumbo y eso, en la America´s Cup es mucho.
Si me preguntan si ganamos , pues no, pero sólo porque había que volver a puerto. Observados por los dos barcos de Alinghi, arriamos velas y, con mimo volvieron a su lugar. La experiencia acabó escoltando al Team New Zealand, que hoy en una gran remontada, llegaba triunfante.
No me he hecho una experta navegante en vela, aunque tenga mi diploma acreditativo, pero he cumplido uno de mis sueños gracias a mi querido agente de prensa.
¡ Que haria yo sin el Sr. Nilson!